Saltar al contenido

Archives

  • abril 2026
  • marzo 2026
  • febrero 2026
  • enero 2026
  • julio 2025
  • junio 2025
  • abril 2025
  • marzo 2025
  • febrero 2025
  • enero 2025
  • septiembre 2024
  • agosto 2024
  • abril 2024
  • marzo 2024
  • diciembre 2023
  • octubre 2023
  • septiembre 2023
  • agosto 2023
  • julio 2023
  • junio 2023
  • mayo 2023
  • abril 2023
  • marzo 2023
  • febrero 2023
  • enero 2023
  • octubre 2022
  • septiembre 2022
  • agosto 2022
  • julio 2022

Categories

  • Editorial
  • Textos
abril 27, 2026 12:28 pm
Potenta
  • Inicio_
  • Editorial_
  • Textos_
  • Contacto_
Suscribirse
  1. Inicio
  2. Sueño intergeneracional
  3. Textos

    Sueño intergeneracional

    PorJimena Delgado Molina

    Ene 13, 2023

    Me sueño como un árbol pegada a la pared, llena de ramas, hojas y tronco, tengo raíz y follaje al mismo tiempo, los dos parecen cruzarse y confundirse, justo en esos puntos de encuentro, de nudos y bifurcaciones, las flores aparecen y algo es distinto, sé y siento que hay cortes, algo ha cambiado… Decidir viene del latín decidere que significa “separar cortando” lo que me permite interpretar mi sueño. Soy una mujer que ha decidido no tener hijxs y mi decisión va sobre ¿qué se depura y qué se preserva del gran árbol genealógico al que hay que cortar para dar forma, para purgar y sanar? El árbol familiar que se poda sirve como figura metafórica para representar el proceso de toma de decisiones que revelan cuestionamientos, deseos y aspiraciones diferentes a las convencionales. Cortes que se hacen porque yo, al igual que otras mujeres que han decidido o están decidiendo no ser madres, realizamos otras comprensiones sobre nuestros cuerpos, vidas e historias, y desde ahí decidimos hacer cambios.

    Pese a que en este momento más mujeres podemos decidir y hablar públicamente sobre nuestro deseo de no tener hijxs, todavía somos pocas, es una decisión que se pronuncia en voz baja y que batalla con muchas sanciones sociales. Todavía existen mecanismos y discursos de represión, unos más severos que otros, que, cercenan nuestros cuerpos y nuestra capacidad de decidir sobre ellos. Y es que la decisión de no ser madre implica, indudablemente, un costo incómodo y permanente plasmado en la estigmatización, la crítica constante y el aislamiento por parte de una mayoría que aún no termina de asimilar otros destinos aceptables para las mujeres, lejos de la maternidad.

    Esta presión social funciona a partir de artificios propios de la iglesia, el Estado, las instituciones sanitarias, jurídicas, los medios de comunicación, la sociedad, la familia misma, las amistades y varias veces, desde nosotras mismas, cada vez que en nuestras mentes aparecen esas voces externas que lograron hacer eco y se confunden, nos confunden, haciéndonos creer que lo que afuera se dicta es nuestro propio deseo concretado en decisiones que parecen genuinamente propias. Estas voces con sus exigencias están por todos lados, son opresivas, atosigantes, moralistas, sentenciosas, seductoras, románticas, sutiles. Suenan de mil formas diferentes, pero nos demandan siempre lo mismo: “debes tener hijos”.

    Debo aclarar que mi crítica va sobre la maternidad como institución normada, no como experiencia vivida. Me refiero a esas imposiciones que nos obligan a las mujeres a procrear porque supuestamente el binomio mujer/madre es natural e indisoluble. ¿Cuántas veces no hemos escuchado: “los hijos son necesarios, son una bendición”, “llegan con el pan debajo del brazo”; “es lo mejor que le puede pasar a una mujer”; “solo cuando se es madre se conoce el amor verdadero”! etc., etc., etc. Tampoco puede faltar la pregunta: “¿y los hijos para cuándo?”, cuestionamiento, que además de ser invasivo en nuestra privacidad, se formula desde la certeza de que se tendrán. Toda esta presión social desplegada en diversas formas lingüísticas revela razones y argumentos que exaltan la maternidad como una meta de toda mujer, la idealizan y la romantizan como la única vía para encontrar la realización y el amor verdadero. Ofrecen un juicio de valor positivo, explícito que generaliza, atrás de una promesa de satisfacción máxima, de felicidad garantizada; pero, además, dejan ver la hipervigilancia sobre el cuerpo de la mujer, su sexualidad y el tiempo de su reproducción.

    Por supuesto que también he sido presa de las advertencias: “te vas a arrepentir”, “te vas a quedar sola sin nadie que te mire cuando estés vieja”, “¿quién te va a cuidar?”. Confieso que, en un inicio, cuando era muy joven, estas sentencias llegaron a agobiarme un poco, pero puedo ahora comprender que en realidad revelan la angustia del otrx. Estos miedos se proyectan frente a un futuro que les parece hostil porque se vincula con la soledad y el miedo que acontece ante lo desconocido, sin darse cuenta de que el temor a la soledad es el principal obstáculo para la libertad. Entonces entiendo que para muchxs lxs hijxs se conciben como antídoto contra la soledad, pretenden que funcionen como respaldo y garantía dentro de esa economía transaccional de cuidados, es decir, se develan razones instrumentales para tener descendencia. Por lo tanto, no es una actuación tan noble y altruista como se pinta, ni el amor es incondicional y desinteresado.

    No puedo pasar por alto la ocasión en la que hace algunos años atrás decidí practicarme la ligadura de trompas, pero no pude realizar mi propósito porque el personal que me atendió, conformado por mujeres, se negó a practicarme el procedimiento por la objeción de conciencia y su certeza de que sería una decisión que a futuro me generaría arrepentimiento. Con sus palabras buscaron hacerme sentir como una mujer incompleta, egoísta, irresponsable, inmadura e irracional. En ningún momento se tomaron el tiempo para conocer mis razones, solo impusieron las suyas. Y es que en esas actuaciones hubo violencia psicológica y simbólica, porque desde su lugar de poder bloquearon el ejercicio de mis derechos, de mi autodeterminación reproductiva, de mi autonomía sobre mi cuerpo, haciéndome creer que no era apta, que no era capaz de tomar determinaciones para mí misma. Estoy casi segura de que sí hubiera ido a buscar asesoría para quedar embarazada, la respuesta hubiese sido otra, como pasa la mayor parte del tiempo. Sí hablas de tu decisión de no tener hijxs, siempre hay cuestionamientos, pero sí expones tu deseo de ser madre, las felicitaciones abundan y se rodean de abrazos y sonrisas que se han naturalizado.

    Collage, Ángela Quintana, 2022.

    La experiencia me ha demostrado que todos estos personajes, cercanos y distantes, con sus discursos demandantes operan como agentes de regulación y vigilancia que se asumen desde lugares de autoridad y poder que ven en la maternidad un esplendor místico. Ser madre se muestra como algo absolutamente positivo, sin importar las circunstancias que rodeen a cualquier mujer: parir y criar hijxs siempre será lo correcto, tiene un carácter sagrado. En este sentido, la maternidad funciona como mandato, porque la idea colectiva es que las mujeres siempre terminarán sintiéndose a gusto con ella, que todo el tiempo habrá un final feliz y por ello debe ser igual para todas. Lo contrario es peligroso, molesta. Aquella mujer que no desea ser madre de nadie, es castigada con la estigmatización y el señalamiento, porque se cree que es una imitación barata de lo varonil o que se trata de una mujer defectuosa.

    No pretendo ir en contra de quienes son madres o van a decidir serlo, no hay que caer en la tramposa disputa entre ser o no ser madre, que en definitiva termina favoreciendo al mandato de la maternidad. Muchas madres viven su experiencia desde la resistencia, la rebeldía, la autonomía e irrumpen el orden social dominante. Como mujer, hija, psicóloga y feminista que soy, no me creo con derecho a dictar cómo deben vivir otras mujeres, ni tampoco afirmar que mi decisión es la acertada. Caer en esas trampas sería ubicarme del lugar del patriarcado y su saber arrogante. En realidad, esta es una invitación a escuchar, reflexionar e interpelarnos desde relatos que dan cuenta de otras posibilidades de habitar el cuerpo y el mundo, dar cabida a otros contenidos semánticos para hablar de la mujer, de las mujeres, siempre en plural. Y también para revisar el idealizado discurso rosáceo que rodea a la maternidad, que la aleja de la realidad, de sus infinitos matices y tensiones.

    Este es mi deseo, hacer una invitación para hablar y escucharnos, ser yo misma y al mismo tiempo soy mujer-árbol, mujer-memoria de una gran familia, de un pueblo. Sé que soy la historia de mis raíces, mis orígenes, soy una parte de esa gran selva genealógica de la que fui alimentada. Soy la historia de la vida y de la muerte, de la sangre de cientos de mujeres anteriores a mí. Soy el resumen de muchas madres, de mis ancestras. Pero también soy la historia de una utopía, de una conciencia, de unas luchas anteriores y de mis luchas internas.

    Ilustración: «Noviembre», Carolina Zambrano, 2022.

    Desde estas comprensiones mi subjetividad y mi autonomía se configuran a partir de lo que decido y se concreta en mi cuerpo. Lo que en él trazo, resuena en todo el árbol genealógico del que hago parte. La vibración se convierte en susurro, en aullido, en el sonido de hojas, ramas y frutos que caen y que al hacerlo purifican el árbol. Mi decisión es también un acto de sanación emancipatoria para mí y para mis antecesoras, con ella quiero limpiar heridas con ternura digna. Entonces me libero del mandato, aparto todas esas voces que me dicen qué tengo que hacer, qué tengo que desear. Contemplo el silencio, este silencio es para todas las mujeres que conforman mi historia, mi familia, mi árbol…Luego elevo la voz, enuncio mis deseos, firme, tranquila y amorosa porque esta elección es afirmación de la vida misma. Por todas aquellas que no quisieron ser madres, por las que se arrepintieron, por las que fueron obligadas, por las que todavía no estaban listas, por las que no tuvieron elección, por las que ni siquiera pudieron preguntárselo para sí mismas… esta decisión es de todas y para todas.

    Pronuncio en voz alta mi elección porque es necesario relatar y situar como experiencia la no-maternidad en todos los espacios. Pensarla para formular cruces, coincidencias, discrepancias, debates, componer diálogos y reflexiones que la saquen del cajón de los tabúes y permitan reconocerla como afirmación y potencia, aunque todavía se la pronuncie desde la negación. Es necesario enunciarla en un ejercicio de reivindicación del derecho a vivir la experiencia de no ser madres sin discriminación. Es urgente interpelarnos frente a temas tan constitutivos como este, sobre los cuales más que certezas, se pueden formular nuevos cuestionamientos que indaguen sobre los modos de habitar el mundo partiendo de la conciencia sobre el propio cuerpo. No se puede simplificar los contenidos y razones, muy variadas y nunca únicas, que subyacen bajo esta elección, porque a través de esta se manifiesta también la capacidad de hacer agencia, de agrietar el orden. Es también una cuestión política que incluso se sumerge en una dimensión ontológica disidente, que no es nueva, pero si poco explorada.


    Bajo Licencia Creative Commons / Publicado originalmente en EspacioPotenta.com / Collage destacado por Angela Quintana, Ilustración interna por Carolina Zambrano

    image_pdfVersión PDF

    Navegación de entradas

    Historias incompletas
    Anónima

    Por Jimena Delgado Molina

    Psicóloga feminista, defensora de la libertad de decisión de las mujeres sobre sus cuerpos y vidas. Estoy comprometida con escuchar a otras personas, especialmente mujeres, que voluntariamente hayan decidido no tener hijxs y escribir al respecto; sí eres unx de ellxs, no dudes en escribirme: s.jimenadm@gmail.com

    Entradas relacionadas

    Encarnando el poder de lo erótico

    Abr 21, 2026

    La Residencia Royal: memoria viva

    Mar 15, 2026

    Un entramado de relaciones fértiles

    Feb 15, 2026
    Un comentario en «Sueño intergeneracional»
    1. Anabell dice:
      agosto 18, 2023 a las 12:04 am

      ¡Me encantó tu texto! ¡Condensa tantas cosas que he leído y sentido yo también! Y aunque soy madre, celebro el poder y la decisión de las mujeres que deciden no tener hijos. Y siento además que en esa decisón está la plena conciencia de lo que significa ser mujer. Me parece que en tu narración logras exponer los puntos claves de las múltiples problemáticas de la condición de la mujer. Tu escrito me hizo recordar muchos otros escritos. Gracias por compartir. Me encanta que las mujeres vamos «desquebrajando las máscaras de la maternidad», como escribió la maravillosa Adrienne Rich.

      Responder

    Deja una respuesta Cancelar la respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    Entradas anteriores

    • La poeta y el patriarca
      por Jenny Bernal
      julio 1, 2022
    • Pitazo final
      por Diana Obagi
      julio 2, 2022
    • Territorio: cuerpo de mujer
      por Liliana Alpala
      julio 3, 2022
    • Situaciones repulsivas
      por Vero
      julio 4, 2022
    • El duelo del vientre
      por Ana Ballesta
      julio 5, 2022
    • ¡No es para tanto!
      por Paula Kaste
      julio 6, 2022
    • La escritura.
      por Potenta
      julio 23, 2022
    • Ser bibliotecaria, una gran experiencia
      por Sandra Ortiz
      agosto 8, 2022
    • En la rueda de bullerengue
      por Mónica Lázaro
      agosto 27, 2022
    • Pensé escribir lo trágico de mi vida…
      por Mery Chapuel
      septiembre 18, 2022
    • Un brevísimo testimonio del poder de la sororidad
      por Adriana María
      octubre 18, 2022
    • Historias incompletas
      por Paula Kaste
      enero 12, 2023
    • Sueño intergeneracional
      por Jimena Delgado Molina
      enero 13, 2023
    • Anónima
      por Elizabeth Delgado
      enero 17, 2023
    • El miedo y casi no te saco
      por Isabel Córdoba
      febrero 22, 2023
    • Que no te toque
      por Adriana María
      febrero 27, 2023
    • Una Mosca
      por Valentina Jaime Herrera
      marzo 7, 2023
    • P´AYER
      por Catalina López B
      marzo 7, 2023
    • Soy madre soltera y no soy perfecta
      por Mery Chapuel
      marzo 16, 2023
    • ¿Sobre qué escribir?
      por Potenta
      marzo 17, 2023
    • Temblor
      por Tania Espitia
      marzo 28, 2023
    • Mirada
      por Mónica Lázaro
      marzo 28, 2023
    • Cómo convertirse en escritora
      por Leidy J. Díaz
      abril 11, 2023
    • ¡Sí, a los hombres se les mira a los ojos!
      por Ana Ballesta
      abril 11, 2023
    • Conversaciones en un chat
      por Ivonne Burbano
      abril 12, 2023
    • El ahorro
      por Liliana Múnera
      abril 22, 2023
    • El camino hacia el éxtasis que cura
      por Sofía Villa Barajas
      mayo 2, 2023
    • El cuidado de la vida
      por Natalia de los Ríos
      mayo 14, 2023
    • Creciente
      por Kié Cruz Jaime
      mayo 18, 2023
    • Mi yo como mamá
      por Stella Ríos Dimaté
      mayo 22, 2023
    • ¡Dicen que escribir es para escritores! 
      por Isabel Córdoba
      mayo 22, 2023
    • El perro y mis dos gatos
      por Adriana María
      junio 20, 2023
    • Manifiesto de las mujeres artistas de Pasto
      por Antropomorfa
      julio 8, 2023
    • Vacío
      por Yeisy Alexandra
      julio 12, 2023
    • Nuestro tiempo, el puerperio
      por Valentina Jaime Herrera
      agosto 11, 2023
    • Cambio de piel
      por Cony María
      agosto 11, 2023
    • Un año criando a: Espacio Potenta
      por Potenta
      agosto 17, 2023
    • Estas palabras se dicen ahora en voz alta
      por Anabell Posada
      agosto 30, 2023
    • Retazos sencillos de una vida lectora
      por Etna Morales
      agosto 30, 2023
    • Audiencia: proceso medida de protección de por vida
      por María Angélica Robles
      septiembre 17, 2023
    • Cuando la pasión desafía el «deber ser y hacer»
      por Shirley Rojas
      septiembre 21, 2023
    • Lágrimas invisibles
      por Carol León
      octubre 27, 2023
    • En un jardín
      por Patty Cuervo
      octubre 27, 2023
    • Me mata, no me mata o ¿cómo amar sin morir en el intento?
      por La Sui
      diciembre 4, 2023
    • Sobre la esperanza
      por Marcela Jaramillo Velásquez
      marzo 5, 2024
    • Gracias mujeres
      por Potenta
      marzo 8, 2024
    • MANIFIESTO DE LAS MAT( R )ICES
      por Nataly Cáceres Burbano
      marzo 9, 2024
    • La cuestión del agua
      por Sara Rios Pérez
      abril 16, 2024
    • Historias Sencillas
      por Dora Elcy Vanegas Garavito
      agosto 6, 2024
    • JIEYUU ANAMIAMAAJANA
      por Nat Nat Iguarán
      agosto 10, 2024
    • En este pueblo ya no canta la lechuza
      por Natalia Ortiz Mantilla
      agosto 14, 2024
    • Tadó, Minería y mujeres 
      por Yerlin Hinestroza G
      agosto 19, 2024
    • Aquel cuatro de noviembre
      por Marbel Ina Vanegas Jusayu
      agosto 28, 2024
    • Recorriendo los chaquiñanes
      por Sandra Milena Muñoz Ortega
      septiembre 2, 2024
    • Anónimo era mujer
      por Sara Rios Pérez
      enero 14, 2025
    • Apartados sobre la rePUTAción de las mujeres
      por Valentina Jaime Herrera
      enero 14, 2025
    • Una costeña en Bogotá
      por Adriana María
      enero 15, 2025
    • Mujer rural: protectora del territorio, la biodiversidad y la vida
      por Walquiria Pérez
      enero 17, 2025
    • Una cesárea más
      por Angela Del Mar Verdugo
      enero 17, 2025
    • ¡Celebrar?
      por Ivon Johanna Perez Rojas
      febrero 14, 2025
    • Añil profundo
      por Natalia de los Ríos
      marzo 4, 2025
    • ¿Qué estamos cocinando?
      por La Hipotenusa
      marzo 7, 2025
    • ¿Qué le dirías a estas mujeres en su día? ¿Qué te dirías?
      por Potenta
      marzo 8, 2025
    • El cuerpo que escribe: Anne Sexton y la locura como subversión
      por Mónica Andrea López Cifuentes
      abril 12, 2025
    • Carta de una niña interior
      por Maria Ines Fernandez
      junio 9, 2025
    • ¡¡¡Estoy Hartaaaaaaaa!!!
      por Ana Ballesta
      junio 9, 2025
    • Ser mujer en la era digital
      por Valentina Guitíerrez
      julio 4, 2025
    • ACHIK YAKUKUNAMANTA/ EL ESPÍRITU DEL AGUA
      por Sirak Warmikuna
      enero 7, 2026
    • El cuerpo místico femenino: intuición y presencia
      por Mónica Andrea López Cifuentes
      febrero 15, 2026
    • Un entramado de relaciones fértiles
      por Sofía Villa Barajas
      febrero 15, 2026
    • La Residencia Royal: memoria viva
      por Maria Cecilia
      marzo 15, 2026
    • Encarnando el poder de lo erótico
      por Shirley Rojas
      abril 21, 2026

    Comentarios de nuestras lectoras

    1. Shirley en Encarnando el poder de lo erótico
    2. Sugefeliz en Encarnando el poder de lo erótico
    3. Glenis Stella Perez Cano en La Residencia Royal: memoria viva
    4. Alex fAlmario en La Residencia Royal: memoria viva
    5. Marcela en La Residencia Royal: memoria viva

    Suscríbete en potentaespacio@gmail.com

Te has perdido

Textos

Encarnando el poder de lo erótico

Shirley Rojas Abr 21, 2026 2 Comentarios
Textos

La Residencia Royal: memoria viva

Maria Cecilia Mar 15, 2026 4 Comentarios
Textos

Un entramado de relaciones fértiles

Sofía Villa Barajas Feb 15, 2026 0 Comentarios

EspacioPotenta.com

Bajo licencia Creative Commons

Apoyado por Redsisdencia.com

Funciona gracias a WordPress | Tema: Fameup de Themeansar.