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    Cómo convertirse en escritora

    PorLeidy J. Díaz

    Abr 11, 2023 Autobiografía, Mujeres que escriben, Potenta

    I.

    La escritura es salvación.

    Ha muerto mi abuelo, ahora que cumpliré treinta años todo se viene abajo, la muerte retumba, incesante. Escojo mi mejor blusa, leggins negros y botas vinotinto. Salgo a la calle. Me distraigo. Pago los recibos públicos, camino lento, la gente me da susto. Espero. ¿Qué va a ser de ti si no encajas? ¿Qué pasará contigo si no crees? ¿Regreso al apartamento? Sí, es el único sitio en el que estoy a salvo, no hay espacio para el dolor, todo sigue a su ritmo acostumbrado. Me asomo a la ventana desde el sexto piso, miro pasar la gente, todos con un plan, yo no estoy dispuesta a nada, no tengo ningún plan. No me gusta mi trabajo, odio llenar planillas, llevar informes, gestionar permisos, entonces, se me ocurre lanzarme por la ventana y escapar, pero respiro, me llega oxígeno a los pulmones. Calma. Mejor escribir un poco. Olvidar el trabajo, olvidar la muerte. Escribir, sí, eso me vuelve ligera, me nace la idea de escribir como salvación.

    II.

    Vida de apartamento.

    Es domingo, catorce de abril del dos mil diecisiete, tres y treinta de la tarde. Han pasado tres meses desde que murió el abuelo. Tengo las cajas cerradas en el apartamento, las ventanas sin cortinas, la alacena vacía, la cama sin hacer, la aromática fresca, tijeras para trasplantar una mata, tierra esparcida por el suelo. Corto las hojas, riego agua en todas las materas, cambio de lugar las plantas. La nueva gardenia tiene piojos negros y blancos regados de arriba a abajo. Corto todas las hojas de la gardenia. Afuera hace un día soleado, como para comer helado y caminar, pero debo estar en casa, esperar. Volverán a crecer. En mi diario, escribo:
    Domingo 14: Pagar los servicios públicos
    Lunes 15: Es festivo (¡maravilloso!) Preparar guía de lectura.
    Martes 16: Firmar contrato.
    Sábado 27: Cumpleaños treinta.
    Fruto seco
    Cansada
    Como una planta muerta. La muerte de mi abuelo me ha hecho recordar los momentos difíciles de mi vida.

    III.

    Irse de la casa.

    El día en que me fui de casa, era un cinco de febrero del dos mil quince. Era la primera vez que iba a vivir lejos de mis padres, había logrado unos ahorros para comprar un apartamento, quería vivir sola, independizarme.
    Me traslado a ese día. Veo las maletas, están en la puerta, son cinco bolsas de ropa, un closet, tres bibliotecas, 200 libros, cientos de papeles, bufandas, mi cama vieja y un computador. Mi papá dice que pronto llegará el camión, que me apresure. Me faltan algunas cajas por organizar. Pienso que no puedo ir rápido. Que no es fácil. Que no debo llorar. Me da pena. Mi hermana menor se burlaría. Recojo los papeles de la universidad, del pregrado, del posgrado, los empaco en bolsas trasparentes para no revolverlos. Aparecen papeles desde el 2008, los más recientes los organizó en un paquete que dice urgentes.
    Miro los papeles que suman cuatro cajas y siento pesadez, he hecho ciento de cosas, proyectos, cursos, estudios, viajes, trabajos: los papeles de la universidad se mezclan con los papeles del trabajo, llevan consigo una parte de mi vida, una emoción pasada, un impulso vital, están en desorden, todo se mezcla entre sí. Desde lejos solo parecen cajas.
    Llego a mi nueva casa. Un apartamento en el sexto piso. Un conjunto cerrado. Mi papá ha pedido refuerzos para descargar el trasteo: mi primo y Sergio. Ellos descargan en una hora y treinta minutos. Yo apenas subo algunas cajas livianas. Han terminado el trasteo, es tarde, la noche ha llegado, mis ayudantes deben marcharse.
    Me quedo sola con mis cajas y mi desorden. Es la primera noche lejos de casa, no sé por qué siento tanto miedo, no tengo comida, ni vasos, ni platos, ni teléfono, internet ni citófono. Tengo una cama armada, el apartamento grande, las paredes blancas y el espacio vacío.

    IV.

    Así era morir.

    Así que esto era la muerte. Abres los ojos y encuentras que estás sola en el mundo, que para eso has nacido. ¡Hola! ¿Me escuchas? Estamos en el apartamento, tu abuelo ha muerto, acabas de romper con tu pareja ¿para qué te has venido a este lugar? ¿No? ¿no sabes? por eso miras la ventana ¿esa es la salvación? Respira, eres ésta, la que escribe, eres tú, ¿te conoces? ¿querías este apartamento para ser una mujer soltera independiente? ¿No esperabas que fuera así, que tu abuelo muriera, que estuvieras a punto de perder tu trabajo, que tu novio se abriera, que tuvieras el apartamento vacío? Pues, bienvenida, ésta es la vida, el esfuerzo cotidiano por convertirte en lo que quieres, ésta es la habitación propia que tanto leíste en la Woolf y éste es tu camino de aprendizaje.

    ________________________________________________________________________________________________________________

    Bajo Licencia Creative Commons / Publicado originalmente en EspacioPotenta.com / Fotografía Giovanni Clavijo.

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    Mirada
    ¡Sí, a los hombres se les mira a los ojos!

    Por Leidy J. Díaz

    Nací en Colombia, en 1987, actualmente vivo en Bogotá. Tengo tres hermanas y vivo sola. Me gusta el cine, la literatura y la natación. No fumo ni bebo, aunque a veces, elijo una copa de vino seco o whisky. Soy confusa y contradictoria, me gusta el cine hecho por mujeres, por ejemplo, la directora Agnés Varda o Sarah Polley y todo el nuevo cine femenino, también la cinematografía de Erick Rohmer o el cine poético. Acostumbro a escuchar música de Jorge Drexler, Natalia Lafourcade, Kevin Johansen, Lila Downs y otras recetas musicales de mariposas moradas. Trabajo como promotora de lectura, tallerista de escritura u oficios relacionados con las letras, soy Licenciada en Humanidades y Lengua Castellana de profesión y estudio una maestría en escritura en mis tiempos libres.

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    Un comentario en «Cómo convertirse en escritora»
    1. Angélica Angulo dice:
      noviembre 10, 2023 a las 8:08 pm

      Hola Leidy, muy inspirador tu escrito. Tienes madera de escritora, Espero publiques muchos libros para leerte. Angélica.

      Responder

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