Los resultados de los comicios electorales del pasado domingo 31 de mayo de 2026 en Colombia, fueron contundentes e increíbles tanto para los votantes de los unxs como de los otrxs.
En quienes leen mi primera frase ya estaré ganando aprobación y despertando antipatías por el uso de las x que remplazan, en opinión de unxs las oes, en opinión de otrxs las aes, una disyuntiva que me estaría ahorrando si usara, como lo ha indicado una autoridad académica, las oes, o si apelara al lenguaje inclusivo, las es.
Yo elijo usar las x para comunicar que escribo desde el lugar de una x; una entre tantas personas colombianas que votó y votará por los que no votan otrxs.
Y al votar por lxs otrxs lo hice decidida y confiando en una palabra que día a día, y tantas veces con impaciencia, considero que guía la vida y la obra de cualquiera, y que al igual que el lenguaje, por el hecho de atravesar la vida en evolución, es susceptible a una permanente actualización que permite a un organismo vivo responder a la incertidumbre que le supone ser un habitante más entre habitantes de la Tierra. Esa palabra es proceso.
En el discurso proceso «no vende», y en una época de transacciones, respuestas y soluciones instantáneas, presentarse como alternativa que acaba con todo lo que suponga obstáculo, incomodidad, conversación difícil, ejercicio, atención, tratamiento, encuentro, resulta infalible la promesa del resultado inmediato, una caduca y mentirosa televenta.
El proceso se toma su tiempo ¿Y para qué esperar resultados y/o contribuir a procesos cuando de una vez por todas se puede acabar con todo lo que en el mundo no quiero e instaurar y expandir por la fuerza, acosta de quien sea y lo que sea, lo que sí? Se me ocurre que para encontrarnos en propósitos y sorprendernos con los fenómenos que emergen de estos, para desplegar nuestra inteligencia y admirarnos, para colmar de valor la vida, para saciar la curiosidad poniendo en práctica hipótesis al respecto, para ponernos al servicio con nuestros dones y talentos. Para salir de la razón que me da lo conocido, familiar o viejo y ejercitar el coraje de dar vida, como gestar, parir y acompañar a crecer un hijo, que es otro mundo y no el mío. Para desplegar la acción desde el corazón que se pone primero; más para reconocerle como cuerpo que experimenta nuevos territorios e interacción abierta al contexto cambiante que le rodea y le transforma, que para concluir que acerté o me equivoqué. Ganamos cuando con los perdedores celebramos los logros que individuo a individuo en colectivo, cruzan el portal a mundos que solos no habríamos imaginado, en los que cabemos más, en los que celebramos más allá del propio, un bien mayor que celebra la vida y la alegría en la diferencia. Perdemos cuando apelo al al odio para dar a alguien mi voto.
Mi voto es de confianza a los procesos a los que me he acercado, cuyas motivaciones conozco y que me incitan a compartir la posibilidad que sumando puede tornarse certeza.
Tal vez estemos ante la oportunidad única de seguir abriendo camino a procesos que vienen emergiendo de lugares y ecosistemas que sostienen la vida y se acogen a sus ritmos.
Tal vez la repetición de oficios y rutinas diarias, y las celebraciones rituales, que recuerdan tanto al lugareñx como al foránex, el soplo de vida que constituye su ser y que le otorga carácter sagrado a cada cosa que tiene un lugar en la tierra, sea hoy determinante ante cualquier tipo de amenaza al hecho de existir, de elegir para qué y para quien es mi ejercicio de presencia.
Tal vez admirar, sin pretender apropiar, otras simbologías, otras formas de lenguaje, otros saberes, sin quitarme nada, me devuelvan el reflejo de mi rostro en las pupilas, de quien hasta hacía un par de palabras me resultaba un extrañx.
Tal vez sea tiempo para que quienes nos sirvan como gobernantes hayan vivido la soberanía desde sus prácticas cotidianas y se asistan de equipos con los títulos que les den sentido y traducción a quienes precisen de razones para dar crédito a la gobernanzas desde el cuidado, siendo y dejando ser en una tierra de la que no queremos huir, sino unir latidos a la percusión del corazón del mundo.
Bajo Licencia Creative Commons / Publicado originalmente en EspacioPotenta.com / Fotografías: Catalina L.